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Carta a la Fundació Jaume Bofill

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Observación previa… Cuando quería referirse a la transparencia que debían mostrar las cuestiones de dinero, mi abuela siempre me recordaba la misma cantinela: Neno, has de ter sempre as contas craras, io xocolate espeso. Y yo, una vez más, sigo puntual y diariamente sus acertados consejos.

¡No es oro todo lo que reluce! No señor...
L as cuentas claras…

Comencemos por las cuentas, para que, al menos, estas queden bien claras. A finales del año 1999, la Fundació Jaume Bofill (FJB) acordaba concederme una subvención de 3.000.000 de pesetas para realizar durante dos años la investigación que llevaría por título La Renda Bàsica a Catalunya. Como responsable de la misma, me comprometía a comenzarla a primeros de enero del 2000 y tenerla finalizada para el 31 de diciembre del 2002, plazo que fue debidamente cumplido. Posteriormente, en febrero del 2000 se me entregaban dos documentos en forma de contrato en los que se especificaban los plazos en los que debía de presentar un informe y las cantidades a percibir en cada uno de ellos.

En la memoria de solicitud explicaba como mi primera intención era realizar esta investigación de forma colectiva, mediante la concreción de “un equipo pluridisciplinar que se responsabilizaría de algunas partes específicas del proyecto”. Aparte de que la responsabilidad conceptual y teórica del tema, y de la dirección y la coordinación que correrían a mi cargo, el equipo estaría compuesto, por dos profesores de hacienda pública y sistemas fiscales de la Universidad de Valencia, que se encargarían de estudiar los impactos de la RB en la Seguridad Social; y por otro profesor de sociología de la Universidad de Barcelona que estudiaría los impactos en el mercado de trabajo. Por sus razones personales, el equipo de Valencia abandonaría el estudio al iniciarse el segundo trimestre del primer año, mientras que el profesor de Barcelona, por razones similares, no llegaría a incorporarse.

Como digo, el estudio definitivo fue entregado quince días antes de la fecha acordada y la FJB fue cumpliendo los plazos de pago hasta dejar pendiente un último pago de 600.000 pesetas. Cuando pasó más de un tiempo prudencial y nadie me informaba acerca de la liquidación definitiva, solicité de su Director una aclaración acerca de este retraso en una conversación que mantuvimos oralmente. Me comunicó con gran sorpresa que “pensaba que ya estaba todo liquidado, pero que le diese un tiempo para solucionarlo”. Varias veces tuve que recordarle este impago, en las cuales nunca consideró la idea de que la Fundación podría dejar de pagarme, hasta que la respuesta oficial llegó por escrito, ¡año y medio más tarde de la finalización del acuerdo! Cuál no sería mi sorpresa al leer la decisión tomada por el Patronato, en la que me comunica que no procede tal pago. Como puede comprobarse en la respuesta del Patronato, el argumento central parece ser que “el Patronato interpreta que tal cantidad estaba destinada a gastos que la investigación podría generar y que habían de estar justificados, y más concretamente, y de acuerdo con las notas de las reuniones, que eran para pagar los desplazamientos y las pernoctaciones que podían ocasionar los encuentros con el equipo de Valencia. Como el equipo de Valencia se retiró de la investigación, esto concepto es de difícil justificación”.

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